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TESTIMONIOS

Pequeña reflexión después de mi Reconstrucción

Llevo reconstruida el tiempo suficiente como para que el cambio físico haya dejado de ser una obsesión. Porque realmente llegó a ser eso, una obsesión por recuperar mi aspecto original. Pero eso es imposible, ahora lo sé. Es imposible, no sólo porque una cirugía te cambia para siempre, sino porque la vida misma es un cambio constante y el truco está en tomar los cambios como algo natural, no hablo de resignación sino de adaptación, esto sirve para todo el mundo por el simple hecho de existir.

Es verdad que prefería mi antigua apariencia, cuando todo mi cuerpo era el que había nacido conmigo, pero mi cuerpo ha resultado ser una máquina imperfecta y ha habido que repararlo. Ahora funciona a trompicones y necesita revisiones constantes y bueno… esta apariencia no es la que era, es cierto, pero es la mía. Quiero decir, estos «arreglos» son tan míos como cualquier otro aspecto de mi persona, los he adoptado y ahora forman parte de lo que soy. Mis cicatrices hablan de un capítulo de mi vida como mis dientes torcidos hablan de mi manía infantil de juguetear con los cubiertos en la boca o como mis canas y mi ceño fruncido hablan de un carácter heredado que se afecta fácilmente.

Desde luego nacer con un cuerpo sano y conservarlo hasta el final es una cualidad admirable, pero si te toca una máquina defectuosa y tienes que mantenerla el máximo posible necesitas echar mano de otro tipo de cualidades que no siempre se heredan: fortaleza, optimismo, paciencia, compromiso (con tu salud), constancia, comprensión (con la falta de comprensión de los que te rodean, ellos no están en tu lugar) y sobre todo poder de adaptación y flexibilidad ante los cambios.

Podríamos trasladar el significado de éste cambio físico o establecer cierto paralelismo entre la lucha por mantener esta máquina defectuosa y la aceptación de lo que somos por dentro y por fuera. Querámonos un poquito tal como somos, son los cambios los que avalan nuestra continuidad en la vida. Ahora ya no siento tan punzante ese nudo en el estómago cuando me miro en el espejo, es verdad que aún siento melancolía, pero he aprendido, si no a gustarme, sí a tener cierto cariño y reconocimiento por todo lo que mi físico está soportando. Y aquí sigue, aún me lleva, a pesar de todo es tan fuerte… Cuando en alguna ocasión, en urgencias o en revisiones, algún especialista ha elogiado el trabajo de cirugía plástica, no sólo he sentido orgullo de mi cirujano, también lo he tomado como un cumplido hacia mi completa y resistente persona.

Dolores Francisco Méndez

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